He muerto… De alegría

25 08 2008

Llorar de alegría tras la pérdida,

Levantarse de entusiasmo tras la caída,

Secarse las lágrimas que se deslizan

Sobre el contorno de una sonrisa.

—–

Conocer los sueños del rival,

Abrazar al enemigo en el combate,

Sentirse libre en un vaso de cristal

Del cual antes de nacer escapaste.

—–

Comprender que todos somos uno,

Comprender el Universo,

Comprender que eres único en el mundo,

Comprender mi pensamiento,

—–

Comprender mi no pensar…

Comprender la soledad en compañía,

Comprender el vacío,

El vacío que une toda la energía.

—–

Salir desde el final

Y llegar a la salida,

Ser primero y último,

Ser muerte y vida…

Que si la vida matase, ya habría muerto de alegría.

—–

Dedicado a la agonía.

—–

Libre...

Libre...





Todo son ondas, todo vibra.

25 08 2008

Es sorprendente ver, como el círculo de nuestra existencia, el eterno retorno, la corriente circular del cosmos, nos sitúa en un lugar donde ya estuvimos hace muchísimo tiempo, tal y como por ejemplo, afirma el milenario Kybalión:

«Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.»

La concepción de que en primera instancia todo es una vibración está más que aceptada por la física moderna. Un sonido es una vibración, la luz es una vibración, la materia en sus niveles más profundos no es materia sólida, es una vibración de información, información “vacía”.

Denominar a un quantum de luz con el nombre de fotón, y a un pensamiento con el nombre de interacción neuronal, es una forma de etiquetar esencias puramente abstractas, que en su más profunda existencia, son una onda. La conceptualización nos ayuda en la vida práctica, pero tenemos que evadirla para comprender la naturaleza básica del Universo.

Al igual que el sonido de una cuerda de guitarra nace de la vibración de la misma, y mediante la captación de las ondas en el oído nuestro cerebro interpretará una realidad, nuestra mente emite ondas cuando visualizamos o imaginamos algo (véase en un sentido más abstracto), las cuales primero se expanden en un plano superior –meditando por ejemplo- , y al contraerse vuelven esas ondas de tal forma que nuestros cinco sentidos son capaces de percibirlas. Pero no nos equivoquemos, cuanto más apego tengamos a la respuesta material, más nos costará potencializar nuestra emisión “espiritual”. Ambas situaciones tienen la esencia de una onda, ambas deberían causar las mismas sensaciones, ese es el secreto; disfrutar del momento y no obsesionarse con el fin.

«Quien quiera contraer algo, antes debe extenderlo. » – Según Lao Tse

«Solve et coagula» Disuelve y coagula. Máxima alquimista

Curioso el hecho, de que aún ocurriendo este fenómeno en el estado elemental del Universo, ocurra así del mismo modo, en la expansión y contracción del mismo a nivel macrocósmico. Lo que existe entre medias, es el engaño, nuestros sentidos, el maya, el cascarón que tarde o temprano tendremos que romper.

El Universo dinámico

El Universo dinámico