La ley de la atracción resume la filosofía hermética, una faceta de la física cuántica, la fluctuación del chi y otros tipos de interpretaciones de la energía según cada cultura.
Basándola en el hermetismo, estará muy centrada en los dos primeros axiomas del kybalion: Mentalismo y correspondencia.
El principio de mentalismo dice que el Universo es mental, todo es mental, no se puede dar un Universo sin una mente humana que le de forma, o bien una primera energía creadora irrepresentable e inseparable (Wu ji en la filosofía china).
El segundo principio es el de correspondencia, o lo que es lo mismo, lo que está arriba es como lo que está abajo, y lo que está abajo es como lo que está arriba. Es decir, no hay una diferencia entre nuestro “Yo terrenal”, y nuestro “Yo espiritual”. Si transformo mi Yo espiritual, nuestro Yo terrenal será un reflejo del mismo.
Juntando estos dos axiomas, sabemos que a través de nuestra mente podemos moldear un “Yo espiritual”, y que por correspondencia, tendremos los beneficios en la vida diaria. En la meditación se trabaja esto.
Lo siguiente es ponerlo en práctica. Pero antes de empezar debo aclarar algo. La ley de la atracción solo funciona mediante las emociones, nunca mediante una repetición mental de un deseo fabricada en la superficie de la consciencia, por ejemplo: Si me paso dos horas pensando, “voy a aprobar el examen de biología”, sin parar, será menos efectivo que estar un solo minuto imaginando tu examen aprobado, como si lo estuvieses viviendo en el presente.
La clave entonces es: “Visualiza en presente, y busca la emoción de cómo si estuviera pasando ahora mismo, con todo lujo de detalles”.
Cada persona tenemos unas tendencias, unas facetas, creencias o habilidades, que nos serán útiles para atraer nuestros deseos al plano físico. Si tienes experiencia en la meditación, empieza a introducir tus sueños y tus sensaciones en este estado. Pero si no, puedes optar por otro tipo de cosas que te hagan sentir algo parecido (Recuerda que lo importante es la emoción y no el proceso en sí):
-Escribir una carta con todos tus sueños, en tiempo presente a un amigo imaginario.
-Escribir una lista de sueños, aceptando que tu “Yo superior”, al ser perfecto, ya los posee.
-Dibujando tus sueños. Dibújate sano, feliz, logrando el objetivo que desees.
-Con un tablón imaginario colgado en un lugar visible, cuelga fotos de cosas que quieras en tu vida, o frases que insinúen tu objetivo.
-Cierra los ojos e imagina lo que desees mientras escuchas una canción que te motive.
-Aprovecha la euforia de un logro reciente, para visualizar otra meta.
-Medita instintivamente, respirando suave, con los ojos cerrados y de la forma más cómoda que te parezca. Después visualiza tus sueños. Si sonríes mientras lo haces, es una buena señal.
-Busca tu manera de sentirte bien. Diseña tu método de atracción. Algo que te haga sumergir tanto en tus objetivos que llegues a un estado en el cual no desees “despertar”. Es como si lo pudieras tocar, oler, disfrutar…
Recuerda: el cerebro no distingue lo que es real de lo que no. Se iluminan los mismos campos cerebrales cuando tocamos un instrumento, que cuando imaginamos estar tocándolo. Por eso es primordial disfrutar en cualquiera de los procesos nombrados anteriormente.
Un abrazo. Y piensen en presente. Carpe Diem.

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